Vivimos en una sociedad que constantemente nos empuja a querer más: más nuevo, más rápido, más moderno. Y sin darnos cuenta, a veces dejamos de valorar aquello que ya nos sostiene día tras día. En mi caso, ese “algo” es mi coche. Un coche vintage, con su historia, sus pequeños contratiempos y sus imperfecciones… pero también con un papel fundamental en mi vida diaria.
No siempre lo tenemos fácil. Mis contratiempos de movilidad a veces se hacen notar, y justo por eso mi coche no es sólo un medio de transporte: es apoyo, es libertad y es compañía. Me ha llevado a lugares importantes, me ha ayudado en días buenos y también en días complicados. Y por todo eso, sentí que merecía algo más que simples prisas o quejas. Merecía cuidado, mimo y, sobre todo, agradecimiento.
Cuidar lo que tenemos también es una forma de querernos
Cuando decidí prestarle más atención a mi coche, no fue solo por estética. Fue un acto consciente de gratitud. Pequeños detalles pueden transformar por completo cómo nos sentimos dentro de un espacio, y el coche no deja de ser un lugar donde pasamos muchas horas de nuestra vida.
Incorporar accesorios sencillos puede marcar una gran diferencia: desde fundas de asiento que aportan comodidad y personalidad, hasta pequeños detalles decorativos que hacen el interior más acogedor. Incluso un ambientador bonito, un soporte para el móvil o una papelera discreta ayudan a crear orden, calma y bienestar mientras conducimos.

No se trata de gastar mucho ni de tener lo último, sino de adaptar el coche a nuestras necesidades y hacerlo más funcional y agradable. A veces, un simple altavoz portátil para escuchar nuestra música favorita o un accesorio práctico que facilite el día a día ya cambia por completo la experiencia.
Valorar lo que ya está abre espacio a lo que vendrá
Creo firmemente que hasta que no agradecemos lo que tenemos, no podemos abrir espacio para recibir lo que merecemos. Cuando solo miramos hacia lo que nos falta, perdemos la oportunidad de reconocer todo lo que ya nos acompaña y nos sostiene.
Este proceso de cuidado y atención me ha recordado que no todo se trata de reemplazar, sino de respetar. Mi coche no es perfecto, pero es parte de mi camino. Y al mimarlo, también me estoy recordando a mí misma que merezco comodidad, seguridad y pequeños gestos de amor en mi rutina diaria.

Un pequeño homenaje a lo que damos por sentado
Hoy este texto —y este vídeo— son un homenaje. A mi coche, sí, pero también a todo aquello que damos por sentado sin darnos cuenta. A los objetos, los espacios y las herramientas que hacen nuestra vida un poco más fácil cada día.
Agradecer no nos ancla al pasado; al contrario, nos prepara para avanzar con más conciencia, más calma y más amor.
