El pasado sábado tuve la oportunidad de vivir una tarde diferente en el Hipódromo Son Pardo con Chapeau, Sa Roqueta, una iniciativa que combina el mundo del trote con la moda, la gastronomía, el arte y la cultura de Mallorca. Y tengo que decir que me encantó.
La jornada estuvo llena de propuestas. Pudimos disfrutar de las carreras de trote, exhibiciones ecuestres, un desfile de moda, gastronomía, música y diferentes espacios dedicados a artistas y creadores de la isla. Además, el Grand Prix des Baleares Eqwin fue uno de los grandes momentos de la jornada, coincidiendo con el 20.º aniversario de esta prueba.
Pero si hubo algo que me llamó especialmente la atención fue el ambiente.

Todo el mundo se metió muchísimo en el papel. Los sombreros fueron los grandes protagonistas y había muchísima gente que cuidó su look al detalle para la ocasión. Eso hizo que, más allá de las carreras, se respirara un ambiente muy especial y diferente al que estamos acostumbrados a encontrar en este tipo de eventos.
También hubo un concurso de elegancia, tanto femenino como masculino, que terminó de darle ese punto divertido a la jornada. Y me gustó especialmente ver cómo cada persona interpretaba la propuesta a su manera.
Y un desfile donde participó mi querida María de La Magnona y como suele ser habitual, me enamoré de todos.

Teresa Ribera, con vestido de La Magnona
Entre carrera y carrera pudimos disfrutar de un buffet espectacular, brindar, conocer diferentes propuestas y recorrer los espacios donde artistas y creadores de Mallorca mostraban su trabajo. Todo estaba pensado para que la experiencia fuera mucho más allá de asistir simplemente a una jornada de carreras.

Para mí, además, fue una oportunidad para conocer un poco más de cerca el mundo del trote. Es algo muy ligado a Mallorca y a nuestra cultura, pero que quizá no siempre tenemos la oportunidad de descubrir desde esta perspectiva.
Creo que precisamente ahí está una de las cosas que más me gustaron de Chapeau, Sa Roqueta: conseguir unir diferentes mundos y crear una experiencia en la que tienen cabida la moda, los caballos, el arte, la gastronomía y, sobre todo, las ganas de disfrutar.

Para la ocasión elegí un vestido de topos con una estructura un poquito más especial, con godets que hacen un vuelo precioso tanto en la falda como en las mangas, y lo combiné con un canotier de ala un poco más ancha.
Creo que la inspiración en Pretty Woman es bastante evidente y, sinceramente, era justo lo que buscaba. Siempre he pensado que si algún día acudía a un evento así, un vestido de topos de este estilo tenía que ser el elegido. Una pequeña referencia a Vivian Ward, pero llevada a mi terreno.

Me fui con la sensación de haber pasado una tarde muy divertida y diferente, de esas que después te hacen pensar que estaría genial volver a repetir.
Estaré pendiente de sus próximos eventos porque, después de esta primera experiencia, tengo muchas ganas de descubrir qué será lo siguiente.
