Hay sitios a los que siempre quieres volver. Lugares que forman parte de la memoria, de esas direcciones que sabes que nunca fallan y que, cada vez que regresas, vuelves a sentir ese sabor de siempre. Y cuando el plan es compartir mesa con mi padre, todavía más.
Esta vez volvimos a Cervecería Cruz Blanca, en Palma, para conocer su nueva etapa de la mano de Grupo SMP y de Sebastián Marincovic, chef y apasionado de la cocina. Un espacio de toda la vida, auténtico, cercano y casero, que mantiene esa esencia que hace que determinados lugares se conviertan en un clásico.

Un lugar para compartir
Una de las cosas que más me gustan de Cruz Blanca es ese pequeño detalle que dice mucho de su filosofía: aquí, con la bebida, siempre llega algo para picar. Se agradece mucho ese detalle y soy fan de los lugares donde lo tienen. Así que, entre un trago y una tapa, mi padre y yo nos pusimos a arreglar el mundo. Porque al final, muchas veces, los mejores momentos no necesitan grandes planes: una mesa, algo rico para comer y tiempo para conversar.

Y eso es precisamente lo que transmite Cruz Blanca. Un lugar sin complicaciones, de los que invitan a sentarse, pedir algo y dejar que la comida y la conversación hagan el resto.
La nueva etapa de Cruz Blanca
Tenía muchas ganas de conocer esta nueva etapa de Cruz Blanca y descubrir qué había detrás de esta nueva propuesta de la mano de Grupo SMP y Sebastián Marincovic. La carta mantiene ese espíritu de cocina cercana y reconocible, con platos pensados para compartir y disfrutar sin demasiados protocolos, pero con ese mimo que le pone Sebastián a todo lo que hace.
Empezamos con unos huevos rotos con jamón y mayonesa de trufa y, sinceramente, fueron todo un espectáculo. Una combinación de esas que cuesta dejar de comer una vez que empiezas.

Pero si hay algo que define especialmente a Cruz Blanca son sus frituritas de pescado, una de esas especialidades que merece la pena probar cuando visitas el restaurante. Pescado preparado de una manera sencilla, sabrosa y muy de siempre, que encaja perfectamente con el carácter del lugar.
Mi padre es muy de boquerones. Pero muy, muy de boquerones. Así que, por supuesto, tampoco podían faltar en nuestra mesa.

Y hay otra cosa que compartimos: el cazón. así que también lo pedimos.

El problema llegó cuando empezamos a pedir y no recordamos un pequeño detalle: las tapas de Cruz Blanca son grandes. Grandísimas.
Así que lo que empezó como un “vamos a probar unas cuantas cosas” terminó convirtiéndose en una auténtica celebración gastronómica.
Y yo, además, no podía marcharme de Cruz Blanca sin mi pa amb oli. Llevaba días soñando con él, así que tenía clarísimo que tenía que formar parte de nuestra visita.

¿El resultado? Acabé llena, llenísima, pero feliz.
Cerca del Conservatorio y con fácil aparcamiento
Otra de las ventajas de Cruz Blanca es su ubicación. El restaurante se encuentra en Palma muy cerca del Conservatorio Superior de Música de las Illes Balears.
Además, por la zona resulta relativamente fácil encontrar aparcamiento, algo que siempre se agradece cuando buscas un sitio para comer o cenar en Palma y quieres llegar sin tener que dar mil vueltas. Es, por tanto, una dirección cómoda tanto para quienes viven por la zona como para quienes quieren acercarse a descubrir esta nueva etapa de un clásico.

De esos lugares a los que siempre quieres volver
Y quizá eso es lo que más me gusta de Cruz Blanca. Que no necesitas una ocasión especial para ir.
Puedes acercarte a tomar algo, compartir unas tapas, comer con amigos o sentarte con tu padre a ponerte al día mientras arregláis el mundo entre plato y plato.
Porque al final, lo bonito de estos lugares es precisamente eso: compartir mesa, ponerse al día y disfrutar de los de siempre.
Y con mi padre, siempre es un plan.
Ver carta de Cervecería Cruz Blanca Palma
📍 Calle San Francisco de Sales, 28 · Palma
📞 Reservas: 696 831 554
