Si estás pensando en un destino diferente en Italia, hay un lugar que quizá no hayas tenido en cuenta y que merece muchísimo la pena: Savona, una ciudad costera de la región de Liguria que conquista con una belleza discreta y auténtica. Yo la visité por motivos de trabajo, en un día frío y nublado, y aun así me pareció un lugar con un encanto especial desde el primer momento.
Nada más llegar a su puerto, la ciudad transmite una atmósfera particular. Las casas de colores suaves, el ritmo pausado y ese aire vintage hacen que todo parezca detenido en otra época, como si los años 80 y 90 hubieran dejado aquí una huella permanente. Savona no busca impresionar con grandiosidad, sino seducir poco a poco, caminando sin rumbo por sus calles.

Pasear y comprar en el corazón de la ciudad
Una de las zonas más animadas es Via Paleocapa, la principal calle comercial. Es perfecta para pasear, mirar escaparates y observar la vida local. Aquí se concentran boutiques, pequeñas tiendas tradicionales y cafeterías donde el tiempo parece fluir más despacio. Es el lugar ideal para disfrutar del ambiente urbano de la ciudad mientras se hace algo de shopping tranquilo.
La imponente fortaleza junto al mar
Mi primera gran parada fue la impresionante Fortezza del Priamar, una fortaleza monumental situada junto al puerto. Construida por la República de Génova en el siglo XVI, domina el paisaje con su estructura imponente y sus murallas de piedra. Desde allí se obtienen vistas preciosas del mar y de la ciudad, y el entorno invita a pasear sin prisa. La mezcla de historia, mar y arquitectura convierte este lugar en una visita imprescindible.


El ambiente auténtico del mercado local
Después de la fortaleza, estuve recorriendo el Mercato Civico di Savona, un mercado tradicional con un ambiente genuino y sin artificios. Es un espacio donde se respira la vida cotidiana de la ciudad: puestos de productos locales, vendedores de siempre y una estética que parece congelada en el tiempo. Nada de modernidades exageradas, solo autenticidad. Fue uno de los lugares que más me gustó por su carácter real y cercano.


Arte y espiritualidad en la catedral
Continué la visita en la Cattedrale di Nostra Signora Assunta, el principal templo religioso de la ciudad. El interior destaca por su decoración barroca, con frescos, detalles ornamentales y una atmósfera solemne que invita a la contemplación.


Dentro se encuentra una joya artística que requiere entrada: la Cappella Sistina di Savona. Construida en el siglo XV por el papa Sixto IV como mausoleo familiar, este pequeño espacio sorprende por su riqueza decorativa. A pesar de su tamaño reducido, deslumbra por sus fresos, dorados y elegancia renacentista. La entrada cuesta alrededor de 5 € y es una visita que recomiendo especialmente.

Una pausa deliciosa: el aperitivo más famoso
Tras la visita cultural, me entró el hambre y por casualidad entré en un local muy auténtico que resultó ser toda una institución local: Bar Napoleón 1983 (Via Paleocapa 186r).


Allí probé uno de los aperitivos más conocidos de la ciudad: una tabla abundante con embutidos, panes variados, crostones tostados y aceitunas, acompañada de un cóctel sin alcohol típico del lugar por unos 6 €. También pedí un capuchino —equivalente al café con leche— y un croissant de pistacho delicioso por apenas 1,60 €. Un descanso perfecto para continuar el paseo.
Una ciudad con encanto tranquilo
Mi visita coincidió con San Valentín, y las calles estaban decoradas con pequeños detalles festivos que aportaban un toque romántico al paseo. Entre escaparates adornados y parejas caminando junto al mar, la ciudad tenía una atmósfera especialmente acogedora.

Savona es un destino que no suele figurar entre los grandes nombres del turismo italiano, y quizá ahí radique parte de su encanto. Es tranquila, genuina, fácil de recorrer y perfecta para descubrir sin prisas. Incluso en un día gris logra enamorar. Si buscas una ciudad italiana con carácter, historia y sabor local, definitivamente merece un lugar en tu lista.
