Siempre que me escapo a Madrid intento reservar un rato para descubrir algún restaurante nuevo. La oferta gastronómica de la capital es prácticamente inagotable y, precisamente, esa es una de las cosas que más disfruto cada vez que la visito. En esta ocasión decidí hacer una parada en PerretxiCo, un restaurante que llevaba tiempo viendo en Instagram y que había conseguido despertar mi curiosidad gracias a unos pinchos que parecían auténticas obras de arte.
Había leído en varias ocasiones que sus platos no sólo eran llamativos por su presentación, sino que también sorprendían por su sabor. Después de probarlos, puedo decir que la fama está más que justificada. Son de esos sitios donde todo entra primero por los ojos, pero donde el verdadero recuerdo se lo lleva el paladar.
Yo visité el local de Narváez, un espacio muy agradable, con un ambiente acogedor y una terraza perfecta para disfrutar cuando hace buen tiempo. Además, está muy bien comunicado, por lo que llegar desde el centro de Madrid resulta muy sencillo. Eso sí, si tienes pensado ir, mi consejo es que reserves con antelación porque suele tener bastante movimiento.
Una de las cosas más difíciles fue decidir qué pedir. La carta es tan variada que apetece probar prácticamente todo. Aún así, hubo varios platos que destacaron especialmente durante la comida.

El primero fue el carpaccio de txuleta, cortado muy fino y acompañado de mayonesa trufada, mostaza, queso Idiazábal y almendras tostadas. Una combinación de ingredientes que consigue un equilibrio de sabores realmente interesante y que se convirtió en uno de mis favoritos.


Otro plato que me encantó fue la Tapa Vacuna. Además del sabor, tiene un punto muy divertido porque parte de la elaboración se completa en la propia mesa, haciendo que la experiencia resulte todavía más especial. Sin duda, sería uno de esos platos que volvería a pedir en una próxima visita.

Si te gustan las anchoas, no puedes dejar pasar el brioche de anchoa Ortiz con manteca, queso y tomate asado. Es un bocado lleno de matices que demuestra cómo unos pocos ingredientes bien combinados pueden ofrecer un resultado sorprendente.
Y, como buena aficionada a las gildas, tampoco podía marcharme sin probarlas. Siempre que las encuentro en una carta me gusta pedirlas para comparar, y las de PerretxiCo fueron todo un acierto.

Para terminar, llegó uno de los momentos más esperados: el postre. La torrija de brioche caramelizada, acompañada de nata fresca y sopa de toffee, puso el broche final a la comida. De esas elaboraciones que hacen que te plantees volver únicamente para repetir el postre.
Después de esta visita entiendo perfectamente por qué PerretxiCo se ha convertido en uno de esos restaurantes que aparecen una y otra vez en las recomendaciones gastronómicas de Madrid. Yo ya tengo apuntados varios platos del menú del mediodía para mi próxima escapada, así que estoy segura de que no será la última vez que cruce sus puertas.
